–15 de marzo, 842
Para mí héroe
Sé que últimamente no te sientes muy seguro de tus decisiones hasta ahora pero te aseguro que vas por muy buen camino. Mira hasta dónde has llegado, te conocí hace años y puedo asegurarte que sé todo lo que has trabajado. Eres un gran soldado, el mejor desde mi perspectiva, inclusive puedo asegurarte que serás el próximo comandante, confía en mí. No hay hombre en esta tierra con tu tenacidad y templanza. La verdad es que no dejo de sorprenderme con todo lo que me has enseñado, eres sin duda de las personas más listas que conozco, siempre vas un paso adelante de todos, incluso diez. Te admiro y eres mi héroe.
Agradezco el haberte conocido en aquel momento en que situaciones aparentemente inconexas nos llevaron a estar en el lugar correcto. Ahora siete años después, aquí seguimos escribiéndonos cartas, las cuales atesoro.
En poco más de un mes cumpliré quince años, y entonces mi padre me enseñará latín. Es una lengua muy antigua que espero poder dominar pronto para así poder leer más libros. En especial en casa hay muchos libros de medicina escritos en latín, hay uno de un tal Leonardo da Vinci, que habla sobre el cuerpo humano, que muero por leer. Su forma de describir las cosas, al menos en los dibujos que es lo que entiendo por ahora, me ha cautivado y despertado en mí un gran interés sobre el tema.
Me gusta escribir poesía, o al menos intentarlo. Cada vez pienso hacerlo más y así no solo mostrarte fragmentos de otros autores, sino poder crear letras exclusivamente tuyas, poder poner en palabras y versos lo que pienso y siento.
Prometeo
1
¡Titán! Ante cuyos ojos inmortales
los sufrimientos de la humanidad,
vistos en su triste realidad,
no eran como las cosas que los dioses desprecian.
Un callado e intenso sufrimiento;
la roca, el buitre, y la cadena,
todo lo que el soberbio puede sentir de dolor,
la agonía que ver no deja,
la asfixiante sensación del infortunio,
que no habla sino en su soledad,
y luego es celosa, a menos que el cielo
posea un oyente, no suspirará
hasta que su voz eco no tenga.
2
¡Titán! La lucha te otorgaron
entre el sufrimiento y la voluntad,
que torturan cuando no pueden matar;
y el cielo inexorable,
y la sorda tiranía del destino,
el dominante principio del odio,
que para su placer crea
las cosas que pueden aniquilar,
te negaron hasta la dádiva de morir:
el desdichado don de la eternidad
era tuyo y bien lo has soportado.
Todo lo que Júpiter tonante te arrancó
no fue sino la amenaza que le devolvió
los tormentos de su tortura:
el destino muy bien previste,
pero no se lo dijiste para aplacarle;
y en tu silencio estuvo su sentencia,
y en su alma un vano arrepentimiento,
y un temor malvado tan mal disimulado,
que en su mano temblaron los rayos.
3
Tu crimen divino fue ser bondadoso,
el hacer con tus preceptos menor
la suma de las desventuras humanas,
y el fortalecer al hombre con su propia mente;
pero confundidos como tú fuiste desde las alturas,
aún en tu paciente energía,
en la resistencia y en la repulsa,
de tu espíritu impenetrable,
que ni tierra ni cielo pudieron agitar,
una poderosa lección heredamos:
tú eres un símbolo y un signo
para los mortales de su destino y su fuerza;
como tú, el hombre es en parte divino,
una corriente turbulenta de fuente pura;
y el hombre en parte puede prever
su propio destino fúnebre;
su desventura y su resistencia,
y su triste existencia sin aliados:
a la que su espíritu puede oponerse
y equipararse a todos sus desastres,
y a una firme voluntad y a un hondo sentido,
que hasta en la tortura capaz es de divisar
su propia recompensa concentrada,
triunfante cuando se atreve a tal desafío,
y haciendo de la muerte una victoria.
–Lord Byron
–R.C.
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