–25 de diciembre, 844
Para mi futuro comandante
Espero que esta carta llegue a ti antes del año nuevo y que mis letras te encuentren feliz y tranquilo, al menos en estos días. Te deseo una feliz navidad y que disfrutes una buena cena acompañado de Hange y Levi. La verdad es que me has hablado tanto de ellos (aunque a Levi lo conocieras hace apenas unos meses) que siento que ya los conozco yo también, así como con Nile. Me siento realmente agradecida de que los tengas a tu lado y te cuiden y acompañen mientras yo no he podido. Estoy ansiosa por poder verles al fin y que seamos los cuatro contra el mundo, creo será un grupo peculiar e interesante.
Ya solo faltan unos meses para que cumpla dieciocho años y entonces podré enlistarme y ser recluta, pienso estar en los mejores diez pero no te preocupes, claro que entraré a la legión, solo serán tres años más, aunque ya podrías ir a visitarme, me alegraría el corazón poder verte por ahí. Yo pensaba con todo el entrenamiento de nueve largos años que llevo con mi hermano que podría entrar directamente a la legión pero ha insistido en que es una experiencia que debo vivir, que tendré mi momento de luchar y no coma ansias. Aunque ya sabes que yo soy toda ansias en cuanto al tiempo respecta.
Como sea, en no mucho tiempo me tendrás luchando al fin a tu lado y si Levi es tu berserker yo seré tu valkiria y tu skjaldmö, entregaré mi corazón y te acompañaré en tu camino para que cumplas tu sueño, veremos el mar y tendrás esa paz que tanto deseo para ti. La verdad es que miro atrás, nuestra historia, y parece irreal que llevamos nueve años acompañándonos en este caótico mundo, aunque no lo querría de ninguna otra forma. Has sido mi compañero, mi guía, me has visto crecer e impulsado a ser mejor cada día. Sé que últimamente el tiempo me ha vuelto algo distante, supongo que es parte de crecer y la edad, citando a mi amado Lovecraft, “la vida adulta es el infierno” y no querría pasar ese infierno acompañada de nadie más que no seas tú y tus amigos.
Te admiro cariño, ya te lo dije en una carta hace dos años, eres el hombre más maravilloso que conozco y estoy orgullosa de todo lo que has conseguido y poderte acompañar en ello aunque fuera en la distancia, quien diría que un par de anillos tejidos con un pasto alto serían hoy mi más grande tesoro. Aunque claro que todos los libros y regalos que me has mandado son un tesoro para mí, pero ese momento… ese momento le dió sentido y rumbo a mi vida. Confieso que de no haberte tenido acompañándome estos años tal vez mis intereses serían otros, tal vez hubiera aceptado ir a Sina a estudiar letras y danza como mi madre propuso, o me hubiera quedado únicamente con la medicina como camino; pero, con todo lo que me has contado lograste plantar en mi (y cultivar) una semilla de curiosidad y fuerza que nunca creí tener. Te lo agradezco infinitamente. Te quiero infinitamente.
Nuevamente recurro a citar otros autores que han expresado algo que por mi propia experiencia de vida no hubiera podido; pero, siento que te describen a la perfección, con tu forma de actuar y ver la vida.
“Un príncipe que no se preocupe del arte de la guerra, aparte de las calamidades que le pueden acaecer, jamás podrá ser apreciado por sus soldados ni tampoco fiarse de ellos”.
–Nicolás Maquiavelo
“El arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”.
“Rápido como el viento, silencioso como el bosque, raudo y devastador como el fuego, inmóvil como una montaña”.
–Sun Tzu
Por cierto, esta vez son tres regalos, el limpiador de lavanda que preparé es para Levi, por lo que me has dicho presiento que le gustará. El libro sobre explosivos es para Hange, sé que le dará un buen uso y quien sabe, tal vez pueda diseñar un arma con ello. Por último, el libro sobre estrellas es para mi estrella más brillante, que me guía cuando siento que perdí el camino… espero que te guste.
–R.C.
Comentarios
Publicar un comentario