–20 de marzo, 836

Para mi futuro esposo.

He tardado dos días en llegar a mi casa y otros tres en poder escribirte. Mi hermanó me ayudará a mandar las cartas, pero cree que son para una amiga así que no le cuentes a tus amigos de estas porque se enojará con ambos.
Prometimos escribirnos cartas y yo siempre cumplo mis promesas, aquí está la primera. Mis libros favoritos son el de sonetos de William Shakespeare (que me regaló mi mamá en mi cumpleaños pasado), un libro de la historia de las murallas que le dieron a mi hermano en las tropas estacionarias y un libro de anatomía que regaló mi papá. Tampoco tengo muchos libros pero te los puedo prestar si quieres, pero tienes que prometer que los vas a cuidar mucho.
En mi casa hay muchos, pero mi mamá no me deja tomarlos todos, dice que tienen historias que solo entenderé cuando sea más grande. Aunque yo ya soy grande, en un mes voy a cumplir nueve años y aparte ya te tengo. Pienso convencerla pronto y así te podré contar las historias de esos libros también. Algunos tienen cosas de afuera de las murallas, pero es un secreto, te lo digo porque nos vamos a casar y puedes saberlo, aparte ya tenemos nuestros anillos. Cuida el tuyo.

Espero que estés bien en el cuartel y entrenes mucho para volverte muy fuerte. Yo ya comencé a entrenar con mi hermano como te prometí. Voy a ser la mejor, ya verás. Incluso seré más fuerte que tú y te voy a cuidar.

Te contaré algo de mi en cada carta, tú también. Para conocernos más. Mis flores favoritas son las de los cerezos, y la lavanda porque huele muy bien.
Eso es todo, te escribiré en unos días, espero que puedas responder y no tarde mucho en llegarte la carta. Gracias por aceptar casarte conmigo.
Te pongo un poema que me gusta y me recuerda a ti. 
“Cuando en las crónicas de tiempos idos
veo que a los hermosos se describe
y a la Belleza embellecer la rima
que elogia a damas y señores muertos,

 

observo que al pintar de sus dechados
la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo,
trataba de expresar la pluma arcaica
una belleza como la que tienes.

 

 
Así, sus alabanzas son presagios
de nuestro tiempo, que te prefiguran,
y pues no hacían más que adivinarte,
 no podían cantarte cual mereces.

 

En cuanto a aquellos que te contemplamos
con absorta mirada, estamos mudos.”

 

Soneto de amor CVI: William Shakespeare



–R.C. 

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