Muralla María “Fracti”
Esa tarde, justo antes de la puesta de sol saldríamos rumbo a recuperar la muralla María para poder así ver lo que Grisha ocultó en aquél sótano. En definitiva esta sería una expedición difícil, más aún teniendo a Braun y Hoover merodeando cerca. Todo eso me tenía bastante nerviosa, no podía evitar sentir algo dentro de mí que me pedía no ir; pero, quién era yo para decir cualquier cosa, era algo que teníamos que hacer si queríamos poder tener alguna oportunidad contra los titanes y aquellos que nos atacaban, así que solo me quedaba confiar en esta locura y esperar que todo saliera lo mejor posible y no tuviéramos tantas bajas.
Con todo esto en mente terminé de alistarme antes de presentarme en la habitación del comandante, desconocía el motivo por el cual quería verme antes de la misión pero no dudé en acudir cuanto antes. En los casi cinco años que llevábamos conviviendo podía sentir que había confianza entre ambos y tal vez algún tipo de amistad, la verdad agradecía que me diera suficiente libertad para poder seguir ejerciendo la medicina dentro y fuera de la legión, claro que le había dado motivos para que confiara en mí y mis habilidades. Por eso no me sorprendió que me pidiera que tratara de mantenerme segura en todo momento y me enfocara en atender heridos y salvara la mayor cantidad posible de estos.
Pero, eso no fue lo que me paralizó en aquél momento. Como de costumbre me encontraba husmeando entre las cosas del comandante mientras él me hablaba, estaba segura que en algún momento eso pudo molestarle, aunque ahora era parte de nuestra rutina, ya conocía mi curiosidad y simplemente la dejaba ser. Por eso no me detuvo cuando abrí una cajita que tenía cerca de unos libros y a decir verdad nada pudo prepararme para lo que encontraría en esta. Un anillo que se veía bastante viejo, hecho por lo que alguna vez fueron pastos altos, justo como aquél que solía cargar conmigo colgando de mi cuello en una fina cadena. Por un momento sentí como me faltaba el aire y dejé de escucharle, me tomó un par de respiraciones profundas regresar en mí y dejar aquella cajita en su lugar, no estaba segura o más bien no quería aceptar lo que aquello significaba. Por lo que simplemente confirmé sus instrucciones y salí cuanto antes de ahí.
Las siguientes horas me parecieron eternas, sentía como si estuviera sumergida en una niebla espesa y todo a mi alrededor era borroso y lento. Podía escuchar la plática de mis compañeros, estaba lo suficientemente alerta como para saber lo que pasaba a mi alrededor y si me hablaban respondía de forma medianamente coherente, más que nada con monosílabos. Agradecí que después de un par de intentos me dejaran en paz, para evitar que se volvieran a acercar aproveché el miedo que le tenían al Capitán Levi y me mantuve lo suficientemente cerca de él para que no se me acercaran pero que él tampoco me hablara fuera de lo necesario, aunque bueno, conociendo su escasez de comunicación eso no era difícil.
Todo el camino hasta la muralla fue una lluvia de recuerdos de aquellos nueve años en que mantuve una comunicación epistolar con mi ahora comandante, recordé todo lo que hablamos, lo que nos prometimos. Como me alentaba a seguir entrenando con mi hermano por más difícil que fuera. Como me confió su sueño y sus miedos, cada recuerdo llegó a mi, uno tras otro, atropellados entre sí, haciendo añicos aquella falsa estabilidad que había creado en mí tras entrar a la legión después de haberlo perdido todo. Sentía como mi cuerpo adormecido comenzaba a despertar con el dolor de aquellas memorias.
Una vez sobre la muralla, con el panorama enemigo ante nosotros y mientras el titán acorazado estaba tras nosotros, me di cuenta que llevaba demasiado tiempo actuando de forma automática, ni siquiera recordaba cómo sellamos la primera abertura o como había subido ahí. Me había dejado consumir por mis pensamientos y necesitaba despertar si quería sobrevivir, había tenido suerte de llegar hasta ese momento yendo de aquella forma tan descuidada. La voz de Erwin fue suficiente para traerme de vuelta y aun así no me atreví a verle a la cara, no con lo que ahora sabía. Tras escuchar sus instrucciones y que me recordara lo que le prometí, todo pasó demasiado rápido.
De un momento a otro me encontraba con Hange y los demás atacando a Reiner con lanzas relámpago. Al ver como funcionaban con él como habíamos planeado no pude evitar sonreír un instante, tantas horas trabajando en ello rendían frutos y nos daban una oportunidad. En un parpadeo estaba sobre un tejado viendo a Sasha y Connie llorar por lo que habíamos hecho. Sabía que habían estado en el mismo ciclo de reclutas pero no eran tan cercana a ellos como para saber que esto podría afectarles de tal forma.
En otro instante noto como Bertolt ya estaba aquí y Armin quería aparentemente negociar con él. Nuevamente me estaba perdiendo de lo que pasaba a mi alrededor. Momentos después me encontraba siguiendo con bastante distancia a Hange cuando en otro parpadeo el titán Colosal hizo su aparición. La fuerza de su transformación me impulsó contra alguna estructura dónde recibí un fuerte golpe en la cabeza que me dejó inconsciente. No supe cuánto tiempo pasó hasta que desperté pero el impacto del titán de Eren contra la muralla logró activarme de nuevo. Todo el cuerpo me dolía como nunca antes y me encontraba bastante mareada.
En un intento por acercarme hacia donde estaba Eren logré encontrar a Hange en mi camino, también estaba herida pero al menos ambas estábamos con vida. Otro parpadeo y estábamos con Rainer, yo me encontraba vendando a Sasha, quien tenía una herida en la cabeza y el hombro, mientras Mikasa a mi lado atendía la herida de Jean. Esto era desconcertante, ni siquiera podía recordar cómo vencimos al Acorazado y de un momento a otro el Colosal también fue vencido. Otro parpadeo y un titán cuadrúpedo se está llevando a Reiner. En todo este rato ni siquiera había sido capaz de pronunciar palabra pero un dolor tácito se expresaba en mi rostro.
Un último parpadeo y estábamos en un tejado frente a un Erwin moribundo con un Armin bastante malherido cerca. El olor a sangre y piel quemada inundó mis fosas nasales intensificando el mareo que ya tenía. Hange se acercó a revisar al comandante, así que algo tambaleante me dirigí con Armin. <<Mierda, pobre chico>> Si bien iba a sobrevivir le esperaba una recuperación larga y dolorosa. Me enfoqué a despejar su vía aérea para que pudiera respirar mejor, así como hice lo posible por atender las heridas vitales para evitar que entrara en shock, pero más no podía hacer por el momento, no tenía las herramientas para atenderle como era debido y sabía que debía recibir esa atención lo antes posible para evitar cualquier complicación y poder reducir lo más posible las secuelas.
Una vez habiendo terminado con ello había cumplido con mi palabra, por el momento no había más heridos que requirieran de mi atención así que me dirigí hacia el comandante. Dejándome derrumbar a su lado mientras ponía mi mano sobre su pierna sentí como el dolor me destrozaba. Me permití sentir todo aquello, el corazón se me hacía jirones y estaba bastante segura de que tenía una fuerte contusión y un par de costillas rotas, así que no sabía si mi falta de aire y el sentir que me moría era por aquél golpe o por lo que presenciaba ante mí, tal vez una combinación de ambos. Los sollozos no tardaron en llegar, sentía como si se estuvieran llevando una parte vital de mí y yo simplemente pudiera observar con resignación.
No podía creer que estuve cinco años a su lado sin saber quién era, aunque en algún momento tuve mis sospechas, la rabia de lo sucedido me cegaba, había decidido enterrar mi vida antes de la legión y eso incluía los recuerdos del hombre frente a mí. En ese tiempo ni siquiera había portado el anillo, la noche que entré la legión lo guardé con todas las cartas y recuerdos que me quedaban de mi familia. Y, de alguna forma, este hombre logró acercarse a mi nuevamente y ser mi familia. Me había cuidado como prometió y había sido el apoyo e impulso que necesité, otra vez. Aún no lo asimilaba, no me parecía real que tardé casi quince años en encontrarlo, de forma consciente al menos, y ahora le perdería de nuevo.
–Soy yo… soy Remi– Fue lo único que pude articular en un susurro antes de que mi dolor de cabeza fuera insoportable y mi vista se nublara. Pude sentir como me iba desvaneciendo y los brazos de alguien que no lograba identificar me sostenían. No tenía fuerzas para seguir, ni me apetecía. Sentía que podía dejarme ir en aquél momento sin arrepentirme, lo había perdido todo de nuevo. Mi mente y cuerpo se negaron a seguir luchando contra aquél dolor. La última imagen que logré captar fue a Levi preparando la inyección del suero para convertirlo en titán, en declarada antítesis de lo que Erwin buscaba, eso significaba que había una oportunidad; pero, tal vez ya no podría verla.
Comentarios
Publicar un comentario